La cesárea que sanó las heridas de mi niñez

Desde antes de quedarme embarazada, sabía que quería parir en casa.  Todo mi embarazo fue ideal, me encontré muy bien, mi hijo estaba sano y yo estaba feliz y tranquila con mi decisión de dar a luz a mi hijo en mi casa acompañada por mi pareja y una comadrona que me transmitía mucha seguridad.

En mi octavo mes de embarazo descubrimos que mi hijo se había dado la vuelta y estaba de nalgas. ¿Cómo? No podía ser. Por aquel entonces, si mi hijo no se daba la vuelta quería decir que no podía parir en casa y que tenía que ir a un hospital y además tenía muchas posibilidades de que fuera una cesárea.

Sentí mucho miedo.  La sola posibilidad de pensar que podía volver a pasar por un quirófano y sentir aquella soledad me bloqueaba ya que toda mi infancia estuvo ligada a hospitales, operaciones y mucho dolor por un problema de crecimiento de los huesos de mi pierna derecha. Tanto fue así que a los 18 años hice un juramento conmigo misma en plan Scarlett O Hara ‘A dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar por un quirófano si no es a vida o muerte’.  ¡Ay! Que poco sabía lo que la vida me deparaba…

Así que cuando supe que Pau venía de nalgas, recurrí a todos los métodos naturales y no naturales para que se girara (moxa, terapia por si había algo emocional, volteretas en la piscina, hacer el pino, hablar con él, incluso la versión externa) pero no lo conseguí.  Él también tenía sus propias ideas sobre cómo venir al mundo. Lloré mucho, durante muchos días seguidos y sentí un inmenso miedo y frustración. Nada era como yo lo había imaginado y veía como la escena más temida de mi vida se acercaba cada vez más.

 

La opción del parto en casa era inviable y en todos los hospitales de Barcelona de la época el protocolo era programar una cesárea. Yo quería al menos darle a mi hijo la oportunidad de nacer el día que él escogiera y a mí la opción de parir vaginalmente de nalgas y evitar el temido quirófano, así que en menos de dos semanas buscamos un equipo de profesionales que nos lo permitieran y lo encontramos, fue en la Clínica de Vic, hoy ya desaparecida. 

Las contracciones se desencadenaron el 24 de diciembre, estaba tranquila, confiada, sabiendo que iba a dar lo mejor de mí y que iba a intentarlo arropada por mi pareja y por un equipo de buenos profesionales.

Dilaté bien y progresivamente hasta los 9 cms, surfeando las contracciones, apoyándome en mi pareja, animando a mi hijo… y entonces algo se paró.  Pasaron varias horas sin que mi hijo se acabara de encajar y acabara de bajar.  Así que, llegado un punto crucial, el ginecólogo me recomendó hacer una cesárea. Y fue en ese preciso momento, cuando  por fin dejé de luchar y entré en la aceptación de lo que la vida me traía.

Había hecho todo lo que estaba en mi mano para evitar la operación, estaba tranquila y por encima de todo quería estar consciente, disponible y abierta para ofrecerle a mi hijo toda mi fuerza y toda mi presencia en su llegada al mundo.

Por eso sabía que no podía pasar por la experiencia sola de nuevo así que miré al ginecólogo a los ojos y le pedí con toda mi fuerza de mujer que dejaran entrar a mi pareja.  Cosa que me concedió aun contradiciendo las normas del hospital.

El equipo médico fue muy respetuoso, el anestesista me iba narrando lo que sucedía, con voz suave, lentamente,  Pude sentir sutilmente como mi hijo salía de mí y me lo colocaron en mi pecho nada más nacer.  Recuerdo su mirada intensa, reconociéndome, reconociéndonos. Se enganchó a mi pecho fácilmente y estuvimos ligados por este lazo de lactancia durante los dos siguientes años.

El hecho de entrar en la aceptación y rendirme a lo que la vida me traía, sabiéndome acompañada, en el momento culminante del parto me permitió, pasar por esta operación con la fuerza y la presencia de la mujer adulta lo que significó para mí sanar muchas de las heridas que se habían quedado enquistadas en mi cuerpo y en mi corazón de niña. 

Pero esto lo supe bastantes años después, cuando el tiempo, la distancia y la sabiduría adquirida te permiten ver, conectar, integrar y sanar las diferentes historias de tu vida.

Porque las heridas de la cesárea, como todo en la vida, necesitan tiempo para curar, paciencia para integrarlas en tu corazón, valor para acariciar la herida física y mucho amor por una misma para descubrir, si se desea, un poquito de aprendizaje de la experiencia.

Si quieres dar un paso para sanar tu herida y vives en Barcelona (España) el próximo 3 de Febrero del 2018 realizaremos el taller ‘Yo parís por cesárea’.  Aquí te dejo la información:

 

 

12 comentarios
  1. Sandra
    Sandra Dice:

    Vaya, tu historia es muy similar a la mía. Tengo un bebé de 4 meses, nació por cesárea. Lamentablemente a mi no me permitieron la compañía de mi pareja y viví un parto frustrante que de alguna manera me sigue doliendo aunque ver a mi hijo me dio mucha fuerza. Mi hijo nació en Italia, nos fuimos allá pensando vivir una experiencia más placentera que en mi país de origen: México. Todo lo contrario. Cómo me gustaría que hubiese un curso como el tuyo acá en México, me voy dando cuenta que tengo tanto por sanar. Enhorabuena por tu trabajo y gracias por compartir siempre tan bella información.

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    • L. H.
      L. H. Dice:

      Hola Sandra. En México se hacen talleres. Escribe a la asociación Florecer desde la Cicatriz. Hay un grupo de guasap también. Un abrazo.

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  2. Mónica Manso
    Mónica Manso Dice:

    Gracias Sandra por tu testimonio y por tus palabras para conmigo y mi trabajo. Si, el dolor y la frustración están muy presentes al principio, sólo han pasado 4 meses, todo esta muy tierno… Verás como el tiempo y tu sabiduría femenina te irá dando otra perspectiva.

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  3. Su
    Su Dice:

    Me pasó algo parecido, y después de once meses se me sigue poniendo un nudo en la garganta al recordar que tuvo que ser una cesárea

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    • Mónica Manso
      Mónica Manso Dice:

      Hola Su, te entiendo muy bien, date tiempo para sanar la herida…. y mucho amor a ti misma. Un gran abrazo.

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  4. Maria
    Maria Dice:

    Yo tengo dos cesaria. Ahora quiero intentar parto normal .doctor me dice es imposible. Sólo tengo fe Dios .ayúdame aconsejó

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    • Mónica Manso
      Mónica Manso Dice:

      María, muchas gracias por tu testimonio. Yo te animaría a que busques otro doctor o doctora que te pueda dar otra opinión. Busca una segunda opinión, que sea una poco más moderna y esté en la linea del parto respetado. Ojalá que lo consigas. Un abrazo.

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  5. una mamá que pasó por cesárea
    una mamá que pasó por cesárea Dice:

    Un abrazo a todas! Y muchos ánimos… yo estoy bastante asustada, mi primer hijo estuvo a punto de salir por cesárea pero me traumaticé y al final tuve suerte y no fue necesario, pero no sé, no tengo buenas sensaciones con este segundo :S

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    • Mónica Manso
      Mónica Manso Dice:

      Hola, gracias por tu comentario. Me viene decirte que si el primero nació sin ayuda de una cesárea, seguro que el segundo también podrá llegar a este mundo por vía vaginal. Repasa los detalles de tu primer parto para poder saber qué fue lo que pasó, y lo que tú SI hiciste para que al final pudiera nacer sin ayuda de cesárea, para que puedas esta vez hacer lo mismo esta vez. Si necesitas cualquier cosa envíame un mensaje privado.

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