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Cada hijo nos enseña algo sobre nosotros mismos

Como madre, terapeuta Gestalt perinatal y doula, Mónica Manso conoce muy bien las necesidades emocionales de los nuevos padres y madres, a quienes acompaña y ayuda a adaptarse a su nueva vida. En esta entrevista nos habla de su trabajo y nos da algunos consejos para afrontar los cambios que supone la llegada de un bebé a la familia, también nos da algunas ideas y consejos sobre los cuidados del postparto y cómo evitar la depresión. Nos habla de qué significa vivir una maternidad consciente y cómo podemos prepararnos para ello. Los retos a los que se enfrenta la pareja con la llegada de un bebé, y cómo afrontarlos. Las necesidades emocionales de las nuevas madres y padres y algunas ideas sobre la crianza…

Por Vivian Watson © para el blog Nace una mamá

 

Cuando me encontré con la página web de Mónica, www.maternidadconsciente.com de inmediato me
sentí atraída hacia su visión de la maternidad. «Llevar a un ser en nuestro interior,» dice en su página, «traerlo a este mundo y acompañarlo en su crecimiento pueden considerarse momentos únicos en la vida. La primera vez no sólo nace un hijo sino que también nace una madre, un padre y una familia. Convertirse en madre, convertirse en padre es redescubrirse cada día, cada minuto es una oportunidad de crecimiento personal.»
Mónica nació en Barcelona, España, y es madre de un hijo. Formada en Gestalt y PNL y Psicoterapia Integrativa, amante del yoga y la meditación, durante su embarazo se dio cuenta de la falta de «un apoyo consciente» a todo lo que tiene que ver con la maternidad y el parto, y decidió dejar su trabajo como ejecutiva en una promotora de conciertos para dedicarse de lleno a su nueva vocación.

Como terapeuta perinatal, Mónica ayuda a los nuevos padres y madres a afrontar al inmenso cambio que supone la llegada de un bebé a la familia. Como doula, acompaña a las nuevas madres antes, durante y después de dar a luz.

 

¿De qué forma puede una doula ayudar a las parejas en el parto y el postparto?

Es algo muy sutil… acompañados de una doula las parejas dejan de sentirse solas ante lo desconocido… al menos es mi experiencia. En las ciudades vivimos solos, desconectados los unos de lo otros, sin redes que nos apoyen, en un mundo que ha cambiado 100% con respecto al de nuestros padres, y eso nos hace sentir que ellos, en la mayoría de los casos, no pueden acompañarnos como nosotros desearíamos, hemos de buscar otros apoyos más acordes con nuestra forma de pensar y sentir y una doula en muchas ocasiones puede cubrir esa función. Nosotras devolvemos a la futura mamá y su pareja la confianza en que se puede parir de una forma más natural, íntima, conectada, consciente y lo que es aún más que incluso se pude disfrutar de la experiencia.

¿Qué significa para ti vivir la maternidad de forma consciente?

Vivir una maternidad y paternidad consciente es responsabilizarme de cómo quiero vivirla, informarme, y decidir como quiero llevar mi embarazo, como quiero que sea el parto y como quiero acompañar a mi hijo en su crianza. Hay muchos estilos y formas de llevarlo a cabo, sea cual sea, que sea el tuyo, el que tu hayas elegido, el que sea congruente con tu vida, no el que te indique papa o mama o la sociedad. Para ello necesitamos un tiempo de introspección y mucho diálogo con nuestra pareja.

¿Es posible prepararse para la maternidad?

Mas que prepararse, reconcectarse con nuestra capacidad innata de dar a luz. Sabemos ser madres, sabemos parir y criar como lo han hecho todas las mujeres que nos han precedido lo único que pasa es que en la sociedad de la información estamos más desinformadas que nunca… Y esa vuelve a ser la clave informarse para decidir como quiero vivir la maternidad y paternidad informarse para ver y comprobar que toda la preparación está dentro nuestro, es cuestión dere- encontrarla y seguirla, hacerla nuestra guía.

 

A pesar de haberlo deseado muchísimo, las primeras semanas con mi bebé fueron muy duras. ¿Qué le dirías a una mamá reciente a quien le está siendo difícil adaptarse a su nueva vida?
Ay! Que pregunta… Cuantas madres he visto en el postparto pasar por situaciones difíciles… y según mi experiencia lo único que podemos hacer es acompañar, sin interferir en el proceso. Cada madre y cada padre, recorre su propio camino hacia su nueva identidad, a veces es muy dulce, otras no tanto, tiene curvas y rectas, áreas de descanso y montañas y valles… y lo mejor es que nadie nos enseñe cual es la línea recta pues nos perderíamos la enseñanza del camino. Cada hijo nos enseña algo sobre nosotros mismos, si somos madres y padres conscientes lo veremos algún día, no hay que correr en buscar la respuesta, aparecerá sola, tan sólo hay que estar abierto a ella. Yo acompaño ese proceso, desde el amor, sin interferir, conteniendo… ¿Qué le diría? ¿Qué les digo? Poco, menos es más, y según la madre, sobre todo normalizar la situación, que todas pasamos por ese lugar y que todas salimos con grandes aprendizajes. Y acompañarla a ver lo que si hay de positivo en su Vida.

¿Qué tan común es la depresión postparto? ¿Se puede evitar de alguna forma?

La depresión postparto afecta aproximadamente a un 15% de las mujeres aunque muchas de estas madres no son ni diagnosticadas ni tratadas. No se sabe bien cual es la causa exacta aunque existen algunos factores que pueden contribuir a ella: la idealización de la maternidad que no coincide en absoluto con la realidad, la falta de hierro acusada (anemia), el haber tenido un parto traumático, las hormonas (un parto natural y lactancia a demanda ponen en marcha una serie de hormonas que favorecen el vínculo madre-hijo), la falta de sueño acusada, la falta de apoyo de la pareja o el entorno… Es muy importante que si una mujer se siente muy triste, con sensación de no vincularse a su hijo, con la necesidad de quedarse en la cama, aislada, acuda a un profesional. Con un buen acompañamiento se puede salir de una depresión postparto. ¿Cómo puede evitarse? Algunos consejos para el postparto: Planifica tu postparto igual que lo haces con el parto. Descansa mucho, dormir siempre que el bebé duerma. Normalizar los sentimientos, la ambivalencia emocional es el pan nuestro de cada día en el postparto. Rodéate de un buen apoyo que te cuide y para ello has de dejarte cuidar. Comunícate con tu pareja, exprésale lo que sientes. Busca grupos de crianza y lactancia en tu barrio o alrededores, comparte con otras madres que están igual que tú lo que te ocurre. Simplifica tu vida y la logística de tu hogar al máximo. Y si esto no es suficiente busca la ayuda de un buen profesional.
¿Cuáles son los retos a los que se enfrenta una pareja cuando llega un bebé? ¿Qué consejo darías para superarlos?
Tan sólo hay un reto, el gran reto, estar frente a lo desconocido. Cada pareja lo vive de una manera diferente y mi consejo sería Paciencia infinita y comunicación con la pareja. Como ya he dicho antes pasar de mujer a madre, de hombre a padre, La construcción de una nueva identidad toma su tiempo, que más o menos son dos años, lo que suele durar el postparto extenso. Y durante esos dos años, la paciencia será nuestra mejor compañera Y el diálogo y la comunicación íntima con nuestra pareja también, esto último que nunca falte.
Hablemos de los papás. ¿Cómo viven ellos la llegada de un bebé, y cuáles suelen ser sus preocupaciones?
Por mi experiencia, no hay que generalizar, para cada papa es diferente. Lo que si es seguro es que les pasan cosas y les pasan por dentro, aunque algunos no las sepan definir, Aunque algunos crean que a ellos no les afecta y que la cosa va sólo con su mujer. Por ello y para poner palabras a lo que les ocurre yo les animo a que se reúnan con otros papas en su misma situación, que hablen entre ellos, que compartan. Nombrar lo que me ocurre es hacerme cargo de ello, es hacerlo mío, es ubicarlo en mi vida y eso sea hombre o mujer siempre va bien.
¿Son distintas las necesidades emocionales del padre y la madre durante el puerperio? Claro, por género y porqué ante todo somos personas con necesidades diferentes las unas de las otras. ¿De qué forma pueden apoyarse y acompañarse mutuamente?
Con una comunicación sincera, al día, actual, expresando lo que yo necesito, pediendo, explicitando nuestras necesidades y ver la forma de satisfacerlas con el otro o con el exterior, ser un equipo, comprensivo el uno con el camino del otro.

¿Qué puede hacer una pareja cuando tiene distintos estilos de crianza?

Lo mismo que en la pregunta anterior, comunicarse, informarse, y pactar… Y disfrutar de las diferencias! Darle la vuelta, ver que a lo mejor pueden ser complementarias y si cada uno muestra su estilo de crianza, con respeto a la del otro, al final será nuestro hijo quien elija con que se queda, que rico no? Un poco de cada…

¿Cuál es el papel de la intuición en la crianza?

La intuición entendida como lo que nos dicta el corazón, como la congruencia con nuestro pensamiento-emoción-tripas, por ejemplo seguir mi intuición es estar ante una situación, decido algo (según mi intuición) y me siento tranquila, serena, eso es congruencia, aunque haya duda, se que voy a probar y algo aprenderé, desde ahí la intuición tiene un papel fundamental no solo en la crianza sino también en la Vida. Es seguir mi latido interior, lo que emerge de mí y solo de mi, independientemente de mi entorno. Viva la intuición!
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EL VINCULO PRIMARIO

¿Qué es lo que más pueden desear la madre y el recién nacido después de nueve meses de espera? Después de imaginar una y mil veces sus manos, sus pies, su cara, su cuerpo… Seguir juntos, unidos, fundidos, latiendo al unísono. El bebé ha habitado un cuerpo durante mucho tiempo y desea y necesita seguir haciéndolo, tanto biológica como emocionalmente.
Las parejas que han experimentado este momento único no pueden describir con palabras la emoción de felicidad y plenitud que les embarga. Por el contrario muchas parejas que han sido separadas de sus hijos al nacer y han estado un tiempo, ya sean minutos, horas o días en el caso de los prematuros, sin tocarse, olerse, verse, fundirse, tienen muchas palabras para describir su situación: angustia, dolor, miedo, culpabilidad..Nuestra labor desde Maternidad Consciente es ofrecer acompañamiento y soporte terapéutico a la maternidad y paternidad y es aquí donde nos hemos encontrado con madres y padres que por diversos motivos han sufrido la separación del vínculo primario y han acudido a nosotros para hablar, exteriorizar y sanar el dolor y la culpa que la experiencia les ha producido.

Las consecuencias físicas y emocionales de la separación no sólo afectan al bebé, como ampliamente se ha documentado e investigado sino también a los padres. Está tan socialmente aceptado, es tan ‘normal’, que cuando un niño nace ha de ser pesado, medido, testado, lavado y vestido antes de estar con su familia, que ya casi nadie lo cuestiona… aunque ello no quiera decir que la madre no sienta o sufra la separación, simplemente no lo expresa. Desde MC animamos a las madres y padres a poner conciencia en esta experiencia de separación, a sentirla y a contarla… Quizás si todas las madres hablan de ello pueda ocurrir el cambio: que la madre y el bebé permanezcan juntos al nacer, y que nada ni nadie los separe, que puedan disfrutar de ese momento único e irrepetible que la naturaleza nos ha otorgado.

Mónica Manso
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Maternidad Consciente en la revista Psychologies.

La revista Psychologies nos ha pedido nuestra colaboración en su número de Septiembre para su dossier ‘Querer un hijo’.
Encontrareis varios artículos que hablan del deseo de ser padres, como saber si estoy preparada, fertilización, adopción, ser madre a los 40, testimonios…
Os animo a leerlos y a la vez disfrutar del resto de la revista.
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El rol del padre

por LAURA GUTMAN.

Frente al agobio, la confusión y el cansancio que padecemos cuando tenemos hijos pequeños, las mujeres quisiéramos tener a mano una serie de “obligaciones” para endilgar al varón a quien percibimos más libre y autónomo y con una vida que no ha cambiado tan drásticamente como la nuestra.

Somos las mujeres quienes necesitamos creer que un “buen padre” se ocupa de tal y cual manera de los hijos que tenemos en común. Pero cuando esto no ocurre, nos abruma el rencor y la desilusión.
Los “roles” que cada uno asume son hechos culturales. O personajes que repartimos entre todos para que una escena pueda ser representada. De modo que, cuando un niño “entra en escena” (o nace), se nos desacomodan todos los roles que teníamos asignados.
Las mujeres nos encontramos en lugares que no habíamos dispuesto para nosotras mismas, nos sentimos afuera del mundo, solas, exageradamente demandadas, desgarradas entre permanecer en los lugares donde habíamos forjado nuestra identidad, o pendientes de las necesidades del niño pequeño.

Frente a este panorama, observamos al varón que no está ni desgarrado, ni peleado entre nuevas y viejas identidades, ni malherido, ni agotado. Por lo tanto, nos resulta evidente que tendría que asumir parte de las tareas que por carácter transitivo de género, hemos asumido las que hemos devenido madres.

Y ahí se ponen de manifiesto los desacuerdos ocultos de la pareja.
Pues bien. Sobre todo esto vale la pena conversar. Porque la presencia de un niño nos obliga a pensar cómo vivimos, qué esperamos unos de otros, qué organización familiar estamos dispuestos a construir y cuánta generosidad tenemos disponible.

Por otra parte, los “roles” que asumamos, serán funcionales de acuerdo a si los hemos “planeado” juntos o no.

Por ejemplo, si asumimos que la madre se hará cargo emocionalmente del niño, necesitará que “alguien” se haga cargo emocionalmente de ella. Y el varón que tiene al lado posiblemente sea el mejor postulante para ese ”rol”.
En ese caso, no importa qué es lo que hace en función de su paternidad, no importa si baña al niño o si se despierta por las noches para calmarlo. Porque “es” padre en la medida en que sostiene emocionalmente a la madre para que ésta tenga fuerzas afectivas suficientes para acunar al niño.

En cambio, si la madre no tiene disponibilidad emocional para el niño, o no tiene posibilidades de permanecer a su lado porque la economía familiar depende de ella; posiblemente haya un varón más “cariñoso” y en apariencia “buen padre” que se ocupa del hijo. Sin embargo, de un modo poco visible está obligando a su mujer a abandonar su despliegue maternante y desviando su preocupación hacia la adquisición del alimento.

En estos casos, el varón no posibilita ni facilita una permanencia suave y dedicada de la madre hacia su hijo.

Y este no es un dato menor, aunque las mujeres modernas creamos que la igualdad de derechos se basa en que tanto las mujeres como los varones asumamos indistintamente la crianza de los niños; desde el punto de vista del niño, no es lo mismo recibir cuidados maternantes femeninos que cuidados paternantes masculinos. Y eso que ni siquiera estamos hablando de lactancia, hecho que requiere una permanencia y disponibilidad irremplazables por parte de la madre.

Lo ideal sería que los “roles” estén todos asignados para jugar el juego de la familia.

La mayoría de las veces, esto no ocurre. Hay un rol que pocas veces asumimos, seamos mujeres o varones. Es el rol de quien se despoja de sus propias necesidades a favor de las necesidades básicas, impostergables, urgentes e irremplazables de los niños pequeños.
Cuando desestimamos los tiempos lentos de los niños, la necesidad de contacto, de brazos, de presencia física y de escucha genuina; nadie asume su rol. Hablar de lo que le toca hacer al padre o de lo que corresponde hacer a la madre nos coloca en la lucha interminable por quien logra resguardarse más a sí mismo.

Es verdad que nos faltan jugadores para la escena familiar.
En la mayoría de los casos nos hemos quedado sin familia extendida, sin barrio, sin aldea, sin mujeres experimentadas ni grupos de pares para hacernos cargo mancomunadamente de los niños pequeños. Estamos todos muy solos y exigidos.

En ese sentido, los varones que desean ser “buenos padres” tampoco logran responder a las expectativas. Fallan. Están cansados. Reciben palabras de desprecio. Se sienten poco valiosos. Escasamente potentes. Y se supone que deberían hacer lo que no hacen, es decir, llegar temprano a casa, hacerse cargo del niño, calmarlo, jugar con él, ser paciente.
Pensar el rol del padre dentro de la familia moderna tiene que coincidir con un pensamiento más generalizado sobre cómo vivimos todos nosotros, cómo y dónde trabajamos, cómo circula el dinero, quién administra, cómo nos manejamos respecto al poder dentro de las relaciones, cómo circula el amor y el diálogo dentro de la pareja y sobre todo qué importancia le asignamos a la libertad y a la autonomía personales. Porque es importante tener en cuenta que si estamos apegados a la propia autonomía, el niño no logrará recibir lo que necesita. Y si recibe el tiempo y la dedicación, será en detrimento de la libertad de la madre.
Y desde ese lugar de pérdida de libertad, las mujeres nos ponemos exigentes con los varones, queriendo definir claramente qué roles deberían asumir. Con lo cual, estamos todos enfadados unos con otros.

Por eso, el tema no pasa por luchar para determinar quién pierde más libertad, asignando deberes a diestra y siniestra, sino por revisar qué capacidad de entrega tenemos unos y otros.
La maternidad y la paternidad no se llevan bien con la autonomía y la libertad personal.
Tenemos que estar dispuestos a perderlas, si nos interesa el confort de los niños pequeños. Y en este punto, es lo mismo ser varones o mujeres.

Tal vez sea tiempo de mirarnos honestamente y reconocer qué es lo que cada uno de nosotros está dispuesto a dar. Comprometernos a eso y no más. Aceptar nuestras limitaciones y darnos cuenta que nos complementamos. Que hay algo que el otro ofrece que uno mismo no sería capaz. Y que si no da “todo” lo que quisiéramos, no lo coloca en un lugar donde “no da nada” sino que “da algo diferente”.
De ese modo pierden sentido todas las discusiones sobre los roles adecuados, lo que se debe o no se debe hacer frente a algo tan difícil como criar niños pequeños.
Laura Gutman
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El misterio de la Vida

¿Qué es el nacimiento?
El misterio de la Vida abriéndose paso por nuestro cuerpo.A veces nos olvidamos de que el misterio forma parte de la Vida y tratamos de entenderlo todo sin querer ver que siempre nos toparemos con algo que no puedo conocer, que el misterio tiene derecho a existir, es lo que nos conecta con lo sagrado, con la esencia de la Vida.

A veces nuestros partos, los nacimientos de nuestros hijos, no acaban como los habíamos planeado y nos preguntamos mil veces ¿por qué? ¿por qué yo? ¿por qué tuvo que acabar así? El sentimiento de frustración es tan grande que tratamos de buscar culpables y respuestas por todos los rincones de la casa y del mundo. Y acabamos culpándonos a nosotras…

…Y, quizás, sólo quizás, no hay una respuesta. A veces es un misterio el por qué la Vida nos pone delante experiencias tan intensas y extremas. Ante ello sólo nos queda confiar y aprender. Confiar en que todo lo que nos sucede en la Vida es para nuestro bien y para nuestro crecimiento personal. Y aprender de la parte positiva que a buen seguro SI ha habido. Dicen que si algo nos hace sufrir es que no lo estamos mirando desde el prisma adecuado.

La pregunta sería ¿qué he obtenido con lo que no he obtenido?
La respuesta no es inmediata, normalmente tarda en llegar, hay que tener paciencia y la conciencia despierta para poderla coger cuando llega en forma de inspiración, y entonces siempre llega… De esta manera la experiencia vivida nos puede servir para profundizar más en nuestra alma y también para acompañar a otras mujeres a que vean la luz antes de dar a luz (como dicen desde el parto es nuestro).

Dedicado a todas las mujeres que han vivido un parto traumático en cualquiera de sus modalidades y al 10ª día mundial de los derechos del nacimiento el próximo 7 de Junio.

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Acerca de mi…

La Vida tiene un propósito para cada uno de nosotros.

Nací cojita… bastante cojita… algo congénito dijeron los médicos. El talón de mi pierna derecha nunca llegaba al suelo, estaba a 6 cm. de él y eso me producía una sensación de equilibrio muy frágil, de estar siempre a punto de caer… una pierna estaba muy en el cielo y la otra, soportando todo el peso de mi cuerpo muy en la tierra… De muy niña hubo varias operaciones (dolorosas) para intentar arreglarlo pero como dice el refrán casi ‘fue peor el remedio que la enfermedad’.

Las palabras maternas y paternas siempre eran de aliento, me animaban a ser como los demás y eso fue lo que hice, querer ser como todo el mundo… a base de mucho esfuerzo y de obviar mi fragilidad. A base de negar mi minusvalía me convertí en una mujer luchadora, eficiente, responsable, elegante y con buena imagen, que ‘brillaba’ allá donde fuera, una mujer que podía con todo, una mujer muy ‘yang’. Cada uno escoge su neura cuando viene a este mundo y esta fue la mía: crear una imagen brillante para esconder una minusvalía. El esfuerzo fue titánico.

Y como la Vida nos tiene reservados propósitos elevados para todos nosotros (si los queremos ver), y como haciendo lo que hacía no era feliz y siempre tenía la sensación de que me faltaba algo, mi minusvalía y mi neura fueron mi motor para buscar apoyo terapéutico. Y lo encontré en la terapia Gestalt, primero como paciente, luego como estudiante y finalmente como terapeuta. La Terapia Gestalt fue un antes y un después en mi Vida. Animo a todo el mundo a hacer este viaje al centro de uno mismo, al SER, al corazón y al amor, un viaje de mirar muy muy adentro, ir viendo las malas hierbas e irlas apartando para poder descubrir que hay una tierra muy fértil dentro de cada uno de nosotros donde cada día sale el sol. En este viaje pude sanar mis heridas de niña, y las grietas con mis padres. Durante este viaje encontré al hombre de mi vida y fui madre. Es imposible no pensar que la Vida tenía este camino reservado para mí. Esta fue la primera parte de mi renacimiento.

Y la segunda fue ser madre. Di a luz a Pau el día de Navidad del 2006 y me di a luz a mi misma. Una nueva mujer había nacido. Decidí sumergirme de lleno en mi maternidad, dejar mi trabajo en el mundo de la empresa y emprender un segundo viaje: Un viaje hacia el yin, hacia lo desconocido, hacia el contacto piel con piel, los pechos llenos de leche, el sueño interrumpido, el ritmo lento, la soledad, el cuidado del hogar, la espera del ser amado, la intuición, el corazón lleno de amor, y lleno de miedo también, un viaje que aún estoy recorriendo… sin referencias, pues ser madre no se parece absolutamente a nada que haya vivido antes.

Y doy gracias a la vida porque mi maternidad también me ha inspirado un nuevo rumbo profesional. He gestado y dado a luz un proyecto que lleva por nombre Maternidad Consiente y no es más que llevar la terapia gestalt que tanto me ha aportado al mundo de la maternidad. Maternidad Consciente es ante todo un espacio de escucha interior para la mama y el bebe (tanto si está en el vientre como si ya ha nacido). Y por supuesto también para los papas. Es un espacio donde la mama y el papa se sienten acompañados emocionalmente, donde pueden elaborar sus dudas y miedos, donde pueden aprender más sobre si mismos ahora que se han convertido en transmisores de Vida.

Y por fin puedo decir que he llegado a un buen puerto donde descansar, sabiendo que me queda mucho viaje por recorrer. Ahora estoy tranquila, serena, recogiendo los frutos del camino recorrido. Y doy gracias a la Vida que me ha dado tanto…

Mónica Manso