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REPRODUCCIÓN ASISTIDA: la historia de superación de Virginia Márquez

Hoy os traigo otro post de la sección Mamás que inspiran en los que hablamos de historias de superación y coraje en relación con la maternidad.

Llevo muchos años acompañando la maternidad y nunca antes habíamos atravesado un momento donde tantas parejas acuden a la reproducción asistida en busca de ayuda para tener un bebé. Hoy en día la reproducción asistida se ha introducido en nuestra sociedad como algo prácticamente imprescindible.

La parte más dura del proceso es la emocional, conseguir gestionar las emociones y mantener la confianza es primordial. Para hablarnos sobre ello en primera persona, he entrevistado a Virginia Márquez. La historia de superación de Virginia puede ayudar e inspirar a muchas parejas que están pasando por el (largo) proceso de reproducción asistida a tener confianza y a creer que todo es posible.

Virginia es mamá de unos hermosos mellizos: un niño y una niña de 3 años.
Pasó junto con su pareja por un largo proceso de 5 años hasta que tuvo a sus hijos en sus brazos.
5 años con 5 FIVS (fecundación in vitro), 2 intervenciones quirúrgicas -una de su marido y otra suya-, y 2 pérdidas gestacionales.
Virginia es además enfermera en la Maternitat de Barcelona y además ha sido alumna mía de la formación de doulas. Te dejo con ella:

  • Hola Virginia, me gustaría que nos contaras un poco más en profundidad tu historia.

Hola Mónica, mucha gente al decir que he pasado por 5 FIVS se sorprende y juzga rápidamente, aunque esto en realidad no es algo que me importe. En esos 5 años mi marido y yo nos cuidamos mucho, tanto a nivel mental, como de pareja e individualmente. Hacíamos yoga, acupuntura, medicina ortomolecular…, y hablábamos mucho entre nosotros.

Tanto en nuestro entorno como a nivel familiar, decidimos no esconderlo. Los médicos nunca nos dijeron que lo tuviéramos difícil, y que más bien, teníamos mala suerte, ya que teníamos muchas cosas a nuestro favor, como nuestra juventud.

Las dos pérdidas gestacionales fueron mucho más duras que pasar por los tratamientos. La primera hija que perdimos fue con 19 semanas, a causa de una listeria. Por esta infección, sufrí un shock séptico que me llevó a la UCI varios días. La segunda pérdida fue a las 10 semanas por un aborto diferido. Fue otro golpe importante.

Finalmente, en el último tratamiento, conseguimos embarazo de mellizos. Pasé un embarazo tranquilo en mi casa, cuidándome mucho, aunque con muchos miedos, por supuesto.

Por fin tuvimos a nuestros preciosos gemelos, llenándonos de amor infinito.

  • ¿Cómo lo hiciste para gestionar tus emociones, seguir teniendo la moral elevada y seguir confiando y creyendo que podía ser posible a pesar de tantos intentos de reproducción asistida y además las pérdidas?

Bueno, uno en realidad no piensa que el camino puede llegar a ser tan largo y con tantas dificultades. Pero a medida que pasa el tiempo te das cuenta que es una carrera de fondo, y lo que va sucediendo lo vas aceptando y asumiendo. Pero es cierto que mientras se pasa por ello es un camino intenso donde la incertidumbre y ansiedad por el futuro es algo constante.

Recuerdo mirar el calendario en mi trabajo – trabajo con bebés – y siempre iba contando reglas, haciendo suposiciones y pensando siempre en un embarazo en el futuro. Puede sonar como una obsesión visto desde fuera pero en realidad es parte del camino y la lucha. Siendo ésta una forma de llevarlo.

Hablándolo con mis amigas virtuales ellas lo vivían muy parecido incluso recuerdo que teníamos una lista para saber en qué momento concreto nos encontrábamos del tratamiento y así comprender mejor cómo se encontraba cada una en cada fase. Hablar con ellas casi a diario fue un pilar muy importante de sostén.
Por otro lado salir a caminar cada día por la playa con mi marido y hacer acupuntura me ayudaron muchísimo en toda esa ansiedad que iba generando.

  • Y por fin tienes a tus bebés contigo. Me gustaría que nos explicases cómo fue el primer año después de la llegada de los mellizos. O sea, ¿cómo fue tu vivencia del posparto?

Fue muy intenso y con mucho trabajo. Los dos primeros meses fueron de un cansancio extremo, que además nos liamos -en pleno posparto- a hacer una mudanza.

Los amamanté de forma exclusiva, sin ningún solo biberón, y continuamos con la lactancia durante tres años. Esto me llena de satisfacción y orgullo, haciéndome sentir que la lactancia ha curado todas las heridas pasadas. También iniciamos la alimentación complementaria con BLW (Baby Lead Weaning), que fue otra etapa muy divertida.

El tema del sueño también fue una etapa muy complicada, ya que todo se multiplicaba por dos, incluidos los despertares. Poco a poco fue pasando esa etapa, por suerte.

  • ¿Cuáles han sido los retos más grandes en tu camino de madre?

La lactancia con dos bebés ha sido un reto importante; aunque fluyó muy bien desde el principio, el esfuerzo y el cansancio fueron importantes. El recuperarme –tanto a nivel emocional como físico- y asumir una cesárea programada, para mí no era algo ideal ni agradable. No era una situación que me gustase, y tuve que digerir y trabajar este hecho desde que me lo “plantearon” en el embarazo.

  • ¿Cómo lo digeriste y trabajaste?

Pues de nuevo me encontraba que un proceso supuestamente natural como es la concepción y el parto se convertía en algo completamente medicalizado, incluso me planteé cambiar de hospital pero mi historial médico estaba en contra y sería lo mismo en otro hospital. Así que asumí la cesárea programada con anestesia general y me planifiqué mi plan de partos. Solo nacer mis gemelos hablamos con la comadrona para que mi marido pudiera hacer piel con piel y una vez yo despertara de la anestesia hacer yo piel con piel e iniciar la lactancia con los dos.
Intenté sacar lo positivo aunque como digo no fue plato de buen gusto y pensé que al menos sabía el día que nacerían.

  • ¿Cómo te ha transformado como mujer y como persona la maternidad?

Replantearme la crianza de mis hijos de como lo hicieron mi madre, mi abuela y mis antepasados, y ver que en cada generación algo cambia y se transforma. El querer evolucionar y sanar cuestiones que van pasando de generación en generación. Siguiendo con la transformación, destacaría también el hecho de empoderarme con la crianza y lactancia de mis hijos, conocer el amor infinito y sentir el instinto maternal.

  • ¿En qué etapa te encuentras en tu maternidad? ¿Por qué se caracteriza?

Aunque lo sigo viviendo con mucha intensidad, porque aún siguen siendo muy pequeños, es una etapa más relajada que las anteriores. Verlos crecer juntos, cómo son cada día más independientes, cómo juegan, su nuevo vocabulario, ver cada día cómo aprenden algo nuevo –y yo de ellos-, es precioso.

  • Eres enfermera de un conocido hospital de Barcelona, ¿cómo has podido compaginar tu profesión con la maternidad?

Por un lado, es agotador, porque tengo turno de noche. Pero por otro, me permite pasar muchas horas con mis hijos, pudiendo conciliar con la vida familiar. Pero lo más importante es tener un marido maravilloso, que me apoya 100%, tanto a nivel profesional como en la implicación de la crianza, haciéndolo todo mucho más fácil.

  • ¿Cómo has complementado la formación de doula con tu carrera de enfermería?

Llegué a la formación de doula de casualidad, y descubrí un mundo maravilloso de compañerismo, de búsqueda interior y del poder femenino. El acompañamiento en la maternidad y de las familias en su hogar, viviendo y conociendo la diferencia frente a la situación en el hospital.
La formación ha sido completa en muchos sentidos, tanto a nivel de crecimiento personal como de adquisición de nuevos conocimientos, sobre todo a nivel de lactancia materna, pudiendo aplicarlo en mi profesión.

Para terminar, ¿qué consejo darías a las madres que se están planteando empezar un proceso de reproducción asistida?

Que se apoyen mucho en su pareja y dialoguen muchísimo. Cuidarse mentalmente es importante ya que nunca sabes lo largo que puede ser el camino hasta tener a tu hijo contigo. A mí me ayudó realmente buscar otras mujeres en una situación parecida a la mía y que lo estaban viviendo al mismo tiempo que yo. A través de foros conocí mujeres maravillosas. Al principio nos conocimos de manera virtual pero luego nos conocimos físicamente. Esto nos ayudó a sobrellevarlo bien. La solidaridad entre nosotras a muchos niveles fue importante y siempre intentábamos animar cuando alguna decaía.

Doy las gracias a Virginia por su generosidad al hablar con tanta honestidad sobre un tema tan íntimo como la reproducción asistida.

Si resuenas con su historia, si tú también estás pasando por un proceso parecido, o si simplemente quieres comentar alguna cosa, te invito a hacerlo a través de los comentarios del blog. Muchas mujeres cada semana vienen en busca de inspiración o consejo y tu historia puede ser de gran ayuda.

Mónica Manso

Historias de concepción consciente

Me contaron una vez sobre los indios Sioux norteamericanos,  que cuando las parejas se sienten preparadas para tener un hijo, se miran el uno al otro, se acercan y se dicen al oído ‘cuakté’, en señal de que están disponibles para albergar una nueva vida.  
 A partir de entonces comienzan a hacer un ritual de purificación: dejan de comer algunos alimentos e incorporan otros que les van a ayudar en la concepción, plantas, raíces, frutas… este ritual de purificación va acompañado del baño en las aguas del río Tacumé, aguas  que son purificadoras de la mente, las emociones y el espíritu.  Este ritual dura un ciclo lunar.
Cuando acaba el baño buscan un lugar para hacer el amor, juntos, dejándose guiar por el lenguaje de las plantas, los anímales, la tierra y el cielo, cuando lo encuentran, cada uno se sienta enfrente del otro, en silencio, y le piden a su ser interior que les ayude en la concepción. A continuación empiezan a emitir un cántico para llamar a la nueva alma que ha de encarnarse a través de ellos.  Un cántico que brota del corazón.  Y después, mientras sus cuerpos se entrelazan, sus almas invocan a la Gran Madre y al espíritu de la unidad… 

Y cuando acaban, permanecen juntos y en silencio, en el mismo lugar, durante un día, sintiéndose sostenidos por la Gran Madre Tierra y protegidos por el Gran padre Cielo.

Cuento-fábula-metáfora creada por Mònica Manso especialmente para la charla ‘Educando desde el útero materno’ que dí en el II Congreso de Niños del Tercer Milenio.